Por: Héctor Villarreal

El recién finalizado 2017 dejó un balance desfavorable para el boxeo profesional panameño, principalmente por la pérdida del único campeón mundial que nos quedaba, Jezreel “El Invisible” Corrales, quien no solamente fue vencido en combate por el boricua Alberto Machado, sino que desde el día anterior había sido despojado del cinturón por exceder el peso límite de su categoría.

El de Corrales no es un caso aislado, ya que al menos otros cuatro compatriotas y una media docena de púgiles extranjeros entrenados por panameños, han dejado el cinturón mundial en la pesa por razones que pueden atribuirse a malas prácticas en la etapa de entrenamiento, irresponsabilidad, indisciplina y en algunos casos hasta desconocimiento o inexperiencia.

Cuando se habla de una categoría específica hay que entender que el boxeador solo llega a marcar ese peso límite el día anterior al combate en la ceremonia de pesaje oficial. Antes de ese momento hace un gran esfuerzo para rebajar y después de pesarse vuelve a hidratarse y aumentar notablemente su peso en algunos casos hasta más de 20 libras en las siguientes 24 horas.

La mayoría de los entrenadores panameños acostumbra que su peleador pierda las 10 últimas libras durante la semana previa a la pelea e igualmente procuran que al día siguiente suba al ring pesando más que el oponente, con la intención de superarlo en pegada.

Al finalizar el encuentro, por muy intenso y exigente que resulte, el atleta suele estar unas 10 libras por encima del peso oficial y dependiendo del resultado se alejan del gimnasio por términos que varían desde tres días hasta más de un mes.

“Cuando subes al boxeo profesional peleas solo 4 asaltos, después 6, luego 8 y en esa etapa uno cuenta con pocos recursos, muchos deseos de darse a conocer y pocas actividades ajenas al deporte que le resulten atractivas”, nos cuenta el ex campeón mundial Ricardo “El Maestrito” Córdoba, quien actualmente se destaca como entrenador. “A medida que tu carrera transcurre tu metabolismo se hace más lento por la edad y ese constante subir y bajar, los pleitos son más exigentes y el período de descanso posterior va en aumento y es allí donde está el peligro porque ya a uno le pagan más, tiene recursos y le llueven invitaciones en las que es difícil abstenerse de comer a placer” agregó Córdoba.

Otro ex monarca mundial, Carlos “El Púas” Murillo, sostiene que “lo más difícil en el boxeo es tener que aguantar hambre para hacer el peso, pero es peor cuando aguantas hambre teniendo el refrigerador lleno y mucha plata en tu cartera”.

“Una vez mi apoderado notó que yo estaba llorando mientras corría para rebajar el día del pesaje, y se me acercó para consolarme y le dije: déjeme llorar que esas lágrimas pesan igual que las gotas de sudor” añadió Murillo. Y es que a la hora de marcar el peso, un solo cuarto de libra puede arruinar toda una vida de sacrificios.

En Panamá se siguen usando métodos del siglo pasado. Cada entrenador utiliza grasa preparada con su propia “fórmula secreta” para perder peso, y la costumbre es que el boxeador se la frote en su cuerpo, se forre en plástico y salga a correr. Durante ese trote, el atleta mastica goma de mascar sin azúcar para generar saliva y escupe cada vez que puede para ir eliminando líquido.

El día del pesaje algunos eligen ingresar a un sauna, preferiblemente uno espacioso donde puedan saltar soga y rebajar varias libras en un par de horas. Otros toman laxantes o diuréticos durante los días previos al pesaje ya que en algunas peleas preliminares no se recurre a pruebas anti dopaje.

Algunas de estas prácticas son parte de nuestra tradición boxística, pero pueden resultar peligrosas para la salud del peleador que pudiera terminar débil o deshidratado. En ciertos casos, la ignorancia de algunos aspectos culturales o geográficos ha contribuido al incumplimiento de peso.

Han ocurrido casos de boxeadores panameños a punto de ser arrestados por escupir en la vía pública, ya que en algunos países esto es considerado un irrespeto y falta de modales. En Japón por ejemplo, un campeón mundial perdió su título al intentar entrar a un sauna púbico para deshacerse de las últimas onzas el día del pesaje, se le impidió el ingreso ya que en ese país  con tatuajes puede acceder a estos sitios.

Otro campeón mundial viajó a Europa en época de invierno creyendo que allá podría rebajar las últimas libras; la nieve no le permitió salir del hotel, ni sudar una  gota y también se despidió de su cinturón mundial.

Estos errores pudieran evitarse en la medida en que las autoridades deportivas contribuyan a orientar y educar a púgiles, y entrenadores quienes en su mayoría, carecen de un alto nivel académico y cuyo aprendizaje del oficio en muchos casos incluye haber recibido cantidades de golpes en la cabeza, que definitivamente no contribuyen a aumentar su inteligencia.

Seminarios, charlas, consejos, supervisión del peso y orientación a nuestros valientes boxeadores, deben ser parte de la lista de propósitos de las Comisiones de Boxeo y Pandeportes para este 2018.

Fotos: cortesía de Héctor Villarreal