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La obesidad es una epidemia global de grandes dimensiones que amenza con deteriorar la salud de la sociedad, aumentando significativamente la incidencia de enfermedades crónicas como las cardiovasculares,

diabetes, ciertos cánceres y otras. Muchas estrategias se han utilizado para tartar de controlar el peso y el contenido de grasa corporal. La más común es la restricción calórica (dietas). Lamentablemente esta estrategia aislada no conlleva a éxitos sostenidos y la mayoría de las personas que pierden peso, lo ganan de vuelta en poco tiempo (<2 años). También se ha promovido el ejercicio regular para perder peso; esta actividad sola tampoco parece ser muy efectiva; los mejores resultados, sin duda, se obtienen con varias combinaciones de estas dos estrategias: actividad física regular y nutrición adecuada.

 

Otras estrategias promovidas por inescrupulosos comerciantes, no brindan resultados positivos a largo o corto plazo.  Hay muchas intervenciones peligrosas para la salud, como algunos “supresores del apetito”, “reguladores del metabolismos” u otros. Desde hace siglos, sabemos que “comer adecuadamente y hacer ejercicio regular” son estrategias correctas, y útiles que además pueden brindar otros beneficios para la salud.

 

El Balance energético

 

Se define como la relación entre la ingesta de energía (lo que comemos) y el gasto de energía (incluyendo el metabolismo basal, la actividad física y un poquito más), generalmente estimado en 24 horas. Si el balance es cero, o sea comemos lo mismo que gastamos, el peso corporal se mantendrá. Si el balance es positivo (comemos más de lo que gastamos) el peso puede aumentar (ahora pensamos que no es tan “positivo” nada), y si el balance es negativo (comemos menos de lo que gastamos) el peso puede disminuir (bueno esto parece ser más “positivo” verdad!).

 

Este balance energético y el peso corporal está determinado por un sistema de retroalimentación negativa en el cual cambios en el contenido energético del cuerpo (en la masa grasa o  “almacén de enegía”) producen cambios en el apetito, ingesta de energía y patrones de gasto de energía. En la base de esta regulación están algunas hormonas con propiedades regularadoras como la insulina, la leptina y la grelina; también algunos neurotransmisores en el cerebro.

 

Las hormonas reguladoras de energía se agrupan en dos categorías: las señales episódicas (efectos a corto plazo) y señales tónicas (efectos a largo plazo).

 

La grelina, particularmente la forma acetilada, es el típico ejemplo de las señales episódicas; se une a receptores en el cerebro y es conocida por ser el principal estímulo episódico que aumenta la ingesta de energía. Como señal episódica aguda, la grelina regula la frecuencia y tamaño de las comidas. La señal contraria sería el Péptido tirosina-tirosina (PYY) que suprime la ingesta energética disminuyendo el tamaño de la comida próxima.

Las señales tónicas como la insulina y la leptina parecen ser reguladoras del balance energético global en períodos de días y semanas más que la regulación comida a comida. En los humanos las concentraciones elevadas de estas hormonas suprimen la ingesta de energía y estimulan el gasto energético. Según investigaciones recientes, bajas concentraciones de insulina y leptina pueden suprimir el gasto energético y estimular la ingesta. Ojo que en algunos individuos muy obesos se encuentran concentraciones elevadas de leptina y de insulina, sugiriendo que existe un estado de resistencia a la acción de estas hormonas. En este capítulo de hormonas tónicas también debemos mencionar las hormonas sexuales, principalmente el estradiol (estrógeno). Una deficiencia de estrógeno estimula la ingesta y aumenta la masa corporal; es por esto que el apetito en las mujeres puede variar según las fases del ciclo menstrual.

 

Efectos del ejercicio en las hormonas reguladoras

 

El ejercicio regular altera las hormonas que regulan el balance energético. Ha sido difícil establecer el rol exacto del ejercicio en estas hormonas ya que es difícil separar los efectos del ejercicio de los que ejerce el estado del balance energético. En general los estudios parecen indicar lo siguiente:

  • En estados de deficit energetic, las concentraciones de insulina, leptina y grelina, no parcen alterarse por el ejercicio; más bien se alteran por el mismo balance energético negativo
  • En estado de balance energético neutral, ingesta=gastos o positivo ingesta>gastos, el ejercicio puede favorecer las concentraciones de hormonas que conlleven a un balance negativo, es decir, aumenta las concentraciones de leptina e insulina y suprime la grelina
  • Nueva evidencia sugiere que algunas actividades físicas pueden aumentar las concentraciones plasmáticas del PYY y por ende suprime la ingesta calórica. Esto se ha visto sobre todo con el ejercicio aeróbico moderado a intenso; en cambio los ejercicios de resistencia (pesas) no tienen un efecto importante en este péptido. Esta puede ser la razón por la cual actividades aerobicas intensas pueden suprimir, temporalmente, el apetito.
  • No se sabe si hay respuestas diferentes en personas con características como: obesidad, resistencia a la insulina, activos, inactivos, delgados, etc… de estas hormonas
  • La actividad física como herramienta para reducir grasa es más efectiva en hombres que en mujeres. Esto sugiere que las mujeres compensan mejor el gasto energético aumentando la ingesta caloric por una diferente respuesta entre hombres y mujeres de las hormonas reguladoras de energía. Con el ejercicio las mujeres tienen un aumento de grelina y una disminución de insulina, estos cambios inducen a una mayor ingesta calórica; pero en los hombre el ejercicio produce una disminución en la insulina y no parece tener un efecto marcado en los niveles de grelina.

 

En fin la regulación del balance energético parece ser un evento complicado en el que participan hormonas, neurotransmisores, el ejercicio, las comidas y otras variables, incluyendo las decisions y preferencias personales. Para algunos, mantener un programa de ejercicio y una alimentación sana y balanceada parece difícil, pero es la mejor y más sostenible forma de tener un peso adecuado y mantenerse sano.

Por: Dr. Enrique José Mayo Di Bello

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