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La osteoartrosis, artrosis u osteoartritis es el trastorno articular más común.

¿Qué es la osteoartrosis?

Es el desgaste del cartílago o amortiguamiento que existe entre los huesos.  Al avanzar la

enfermedad, el cartílago tiende a desaparecer por completo y aumenta la fricción o roce entre los huesos, lo que conlleva a dolor y al resto de la historia natural de la patología.  Además, los ligamentos de la articulación pueden debilitarse o acortarse y volverse menos elásticos y los músculos alrededor de la misma caen en un total desbalance.

 

El diagnóstico se confirma con radiografías simples de la articulación.

Causas

Ciertas enfermedades pueden causar artrosis (por ejemplo, artritis reumatoide) o puede ser el resultado de alguna fractura articular, un interesante tema para futuros artículos.  Hoy, trataremos sobre la osteoartrosis producida por causas desconocidas (“idiopática”), la cual se asocia al envejecimiento, aunque existen factores que pueden estar relacionados con ella o incluso, precipitarla.  Estos factores de riesgo son: herencia, sobrepeso u obesidad, sobrecarga prolongada por trabajo o deporte, las deformidades (sobre todo en las extremidades inferiores, por ejemplo: las rodillas) o inestabilidades (por ejemplo: el hombro).

 

¿Tiene la actividad física alguna relación con la artrosis?

Sí, desde su génesis hasta su tratamiento y en las metas del mismo.  Sabemos que la obesidad es un factor de riesgo para el desarrollo de la artrosis, por lo cual una actividad física regular ayuda a disminuir el riesgo de la misma; además si la actividad es bien controlada en el atleta (profesional o recreativo),  se pueden disminuir las lesiones o la sobrecarga en el deporte, disminuyendo el riesgo de osteoartrosis.  Parte del tratamiento está dirigido al control del peso, donde se puede prescribir actividad física luego de haber disminuido el dolor y mejorado la función de la articulación afectada.

 

Tratamiento

 

El tratamiento de esta enfermedad inicia con medidas conservadoras como: medicamentos analgésicos y antiinflamatorios, protectores de cartílago (glucosamina), control de peso y mucha…mucha fisioterapia.

 

Los primeros van dirigidos a disminuir el dolor y la inflamación en la articulación.  La glucosamina protege el cartílago restante, y a largo plazo, puede causar un efecto antiinflamatorio en el ambiente de la articulación.  La fisioterapia ayuda a disminuir dolor, a mejorar la función de la articulación y a balacear las fuerzas musculares alrededor de la misma, obteniendo un efecto duradero y disminuyendo la necesidad de medicamentos.  Luego de lograr estas metas, podemos tener actividad física con mayor regularidad.

 

Si la terapia conservadora no funciona, la cirugía artroscópica puede ayudar en estos casos, aunque sin poder garantizar resultados a largo plazo.  Funciona como un paliativo (para ganar tiempo) antes de llegar al tratamiento definitivo.  Un reemplazo articular es casi totalmente efectivo para aliviar el dolor.

 

¿Retornará completamente la función de la articulación?, ¿se puede hacer actividad física después de un reemplazo articular?

 

Estas son cirugías mayores, que pueden tener complicaciones, de las cuales podemos  hablar en otra ocasión.  En el caso de cirugías no complicadas, sí se puede hacer deportes o actividad después de una prótesis.

 

La esperanza de vida de la población mundial va en aumento, por lo cual cada vez vamos a tener más gente que todavía es activa, y que necesite un reemplazo articular además de personas más jóvenes que también requieran una prótesis articular.  Esta es la razón por la cual se han hecho muchos avances en los diseños y en los materiales de las prótesis.

 

Las técnicas y diseños actuales de las prótesis permiten al paciente realizar actividad física regular, incluso deportes, después de una cirugía de reemplazo articular.  Es muy importante la actividad preoperatoria (no se puede pretender pasar de ser sedentario a un caminador de fondo), aunque luego de una prótesis se puede esperar un incremento hasta de dos veces en la frecuencia e intensidad de la actividad.  Hay factores que tienden a afectar negativamente la actividad postoperatoria, como los son la obesidad, las enfermedades sistémicas (por ejemplo: diabetes, artritis reumatoide), y la edad avanzada.

 

Recomendaciones

 

Actividades de bajo impacto: en general, se pueden realizar sin limitaciones (caminatas, escaleras, ciclismo, natación, golf, bolos, entre otras).

 

Actividades de alto impacto: aplican para pacientes seleccionados por su motivación y condición previa.  Requiere de un seguimiento cercano y supervisado por el médico (tenis, softball, jogging, entre otras).  No se recomiendan los deportes de contacto.

 

La meta final, independientemente del tratamiento utilizado, eliminar el dolor del paciente y que recobre su independencia.  Lograr que además de desarrollar sus funciones diarias, la persona pueda realizar una actividad física regular, que mejore su calidad de vida.

 

Dr. Juan Carlos Romero Núñez | Ortopedia y Traumatología – Cirugía Articular

Clínica GMedSport – Centro Especializado Paitilla