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Grave trastorno alimenticio, opuesto a la anorexia. La padecen quienes tienen un elevado sobrepeso pero que se consideran sanos físicamente y no hacen nada para adelgazar.

Los megaréxicos no son conscientes de su problema tengan el grado que tengan de enfermedad.

 

Actualmente no muy conocida, es un grave trastorno alimenticio, opuesto a la anorexia, descubierto por el doctor Jaime Burgos. La padecen quienes tienen un elevado sobrepeso pero que se consideran sanos físicamente y no hacen nada para adelgazar.

 

En cierta forma, son personas obesas que se ven delgadas a causa de la distorsión de la percepción que caracteriza a los trastornos alimentarios. Consideran que el exceso de peso es sinónimo de fuerza y vitalidad. Por esta razón, las personas que la padecen comen de todo y en cantidades abismales, pero no alimentos sanos sino todo lo contrario: comida “chatarra”, frituras, alimentos con contenidos elevados de grasa.

 

En Panamá observamos un elevado porcentaje de personas con adicción a las “comidas rápidas” o como usualmente se las conoce, “comidas chatarras”. No pueden pasar una semana sin consumirlas porque son parte imprescindible en sus dietas. El problema de las personas con megarexia no solo se encuentra en la ingesta excesiva sino que, cuando se encuentran frente y se ven al espejo, se perciben como personas delgadas aunque estén obesos.

 
 
¿Cómo saber si se sufre de megarexia?

 

Las personas que la sufren tienen alterada su percepción de la realidad, se ven perfectamente, sanas y guapas, por más obesa que sea. Eso genera que tengan unos hábitos de vida poco saludables, en contra de lo que su organismo necesita, como sería comer fruta, vegetales y practicar deporte. Se atiborran de comida, normalmente muy calórica, como chocolate, frutos secos, hamburguesas, pizza y todos estos “deliciosos pecados” que se deben evitar por regla general. Una dieta llena de carbohidratos, calorías vacías que no alimentan el cerebro.

 

Poco a poco, se convierten en personas obesas desnutridas, incluso anémicas. Sufren mareos y tensión baja, debido a esta falta de nutrientes en el organismo, lo que les hace entrar en un círculo vicioso, pues comen para sentirse mejor.

 

Los megaréxicos no son conscientes de su problema tengan el grado que tengan de enfermedad. Aún así, cuando alguien les intenta hacer ver la realidad, pueden tener un momento de lucidez. Hasta pueden llegar a verse tal y como son, pero su cerebro no lo admite. El espejo no les muestra la realidad, las fotografías por el contrario sí hacen que se vean tal y como son. Normalmente estas personas son reacias a fotografiar sus cuerpos, ya que al ver ese reflejo de la realidad sufren “shocks” importantes. Tampoco les suele agradar ir de compras. El hecho de probarse un pantalón de un tamaño descomunal, les hace caer en un pozo de tristeza y desconcierto. Se vuelven hostiles, intransigentes, conflictivas y hasta mal educadas. Manifiestan un odio hacia el mundo y hasta incluso hacia ellas mismas.

 

 

¿Cómo luchar contra la megarexia?

 

Para combatir esta enfermedad es necesario, como en casi todas las patologías psicológicas, que el enfermo acepte que tiene un problema, ya no solo de peso, si no un grave trastorno alimenticio y psicológico. En esta lucha el entorno de la persona, juega un papel fundamental. Deben hacerles ver la realidad de un modo dulce, no obstante, hay que tener claro que son enfermos, no personas “dejadas” que comen sin más.

 

El entorno debe intentar que el enfermo se ponga en manos de un especialista en trastornos alimenticios o como mínimo de su médico de familia. Dependiendo de la reacción, cabe la posibilidad que sea dirigido a un especialista en Psicología. Éste puede ayudarle a comprender que es lo que tiene y que puede combatirlo aceptándolo.

 

Una vez se acepte el problema no es necesaria una medicación; con una buena alimentación, ejercicio y vida sana, pueden perder la grasa acumulada, obteniendo un gran cambio tanto en su físico como es su mente, situación que ayudará a que poco a poco se vayan aceptando como son. Este trastorno, de la misma manera que la anorexia (ver también anorexia) o la vigorexia, se puede superar con mucho trabajo y constancia.

 

 
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