Por: Fernando Revuelta

Maratonista

Atleta Under Armour

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No importa que se trate de un corredor novel, o ya experimentado, con frecuencia  a pesar de haber completado un programa específico de entrenamiento, llegado el día de la competencia no se obtienen los resultados esperados. Ante esta realidad podemos adoptar dos actitudes: la negativa, que es resignarnos y caer en el desánimo y la frustración por no haber podido obtener lo buscado; o la positiva, que es analizar con tranquilidad las causas del mal desempeño, y adoptar los correctivos pertinentes.

Aunque los factores externos en ocasiones si tienen influencia en el rendimiento que obtengamos en una carrera, la mayoría de las veces, no se trata de una cuestión de suerte, sino de elementos y decisiones personales, que incluso pareciendo insignificantes, pueden hacer  la gran diferencia entre el éxito y el fracaso.

Siguiendo con la idea anterior, tengo por costumbre desear “éxito” a los amigos y conocidos cuando van a participar en una competencia, y no “suerte”, porque sería asumir que su buen desempeño depende del azar y no de un buen trabajo previo de preparación. Dicho esto, os comparto una descripción de los 4 motivos, que según mi experiencia, tienen mayor influencia al no obtener el resultado esperado en una competencia.

ESTRATEGIA EQUIVOCADA

La causa más recurrente por la que un corredor no alcanza el desempeño esperado se relaciona con tener un objetivo no realista. Existen numerosas pruebas que sirven para evaluar el tiempo objetivo que debe tener un corredor para una determinada distancia, y así programar su ritmo de carrera. Pero los corredores tenemos la tendencia a pecar de exceso de optimismo, y aunque los resultados de las pruebas nos indiquen una cosa, solemos anteponer nuestros propios deseos, pensando que el día de la competencia vamos a superar los mejores pronósticos. Aunque en pruebas de distancia más corta, los errores de estrategia se pueden minimizar, no sucede cuando se trata de una maratón. El corredor debe partir siempre con una estrategia realista previamente establecida, y mantenerla durante todo el desarrollo de la prueba.

ARRANCAR EN FRÍO

Resulta curioso que la gran mayoría de los corredores antes de realizar una sesión de entrenamiento, sobre todo si involucra un ritmo intenso, completan un calentamiento adecuado con trote y diferentes tipos de ejercicios. Pero cuando se trata de una competencia, un gran porcentaje lo olvida, como si el esfuerzo físico realizado con anterioridad fuera contraproducente. La finalidad de un correcto calentamiento es que todos nuestros músculos y articulaciones, así como nuestro sistema cardiovascular, estén en condiciones de ser puestos a prueba con un alto nivel de exigencia. Adicional, un calentamiento adecuado disminuirá el riesgo de sufrir lesiones. El calentamiento debe ser ordenado y progresivo: repitiendo una serie de rutinas en orden lógico y porque se parte de una intensidad baja al comienzo y va elevándose de manera gradual hasta alcanzar la máxima intensidad al final. Una buena sesión de calentamiento no debe durar menos de 20 minutos, y puede llegar hasta  40 minutos, dependiendo de la duración de la carrera o el clima.

EXCESO DE COMPETENCIAS

Cada vez los calendarios de carreras incluyen mayor número de competencias, y tendemos a abusar de las mismas, sin respetar los periodos de descanso. Hay que tener en cuenta que a diferencia de los entrenamientos, en las competencias se llega a un nivel máximo de exigencia y el organismo sufre un enorme desgaste. Aunque cada persona tiene una fisiología diferente, y en la recuperación influyen muchas variables como la edad y la condición física del corredor, hay una regla que siguen muchos preparadores: “por cada kilómetro que hayamos completado en una competencia, deberemos tomar un día de descanso hasta poder volver a competir al máximo nivel”. De este modo, si la carrera fue de 10 kilómetros, no deberíamos competir hasta pasados 10 días, y si se trató de una maratón de 42 kilómetros, deberían ser 42 los días que deberíamos dejar de competir.

COMBUSTIBLE A CERO

Cuando corremos, la energía que utilizamos proviene de dos fuentes básicas, las grasas y el glucógeno. Las grasas son un combustible menos eficiente que el glucógeno, ya que el proceso para convertirse en energía es más lento. Por este motivo, durante una competencia el combustible primario que demandará el organismo provendrá del glucógeno. La cantidad de glucógeno que se puede almacenar en el cuerpo es limitada, por lo que si se realiza un ejercicio físico de larga duración y no se repone, se agota. En esfuerzos de duración de hasta una hora, nuestro organismo no requiere de energía extra a la que tenemos almacenada, pero si el tiempo de competencia es mayor, deberemos compensarlo con la ingesta de carbohidratos que nos suministre energía adicional. Muchos corredores no toman en consideración esta necesidad de reposición o la realizan de manera incorrecta, por lo que de manera progresiva, entran en lo que se conoce como estado de fatiga, asociado a una disminución del rendimiento físico que puede llegar a un grado crítico, obligando incluso al abandono.