FREVUELTA
Fernando Revuelta
Atleta UNDER ARMOUR
Sub-Campeón Nacional de Maratón
www.runninginpanama.com
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 El Maratón es por muchos considerada como la prueba reina del atletismo de fondo por su tremenda dificultad, independientemente del carácter élite o recreativo del corredor. Su preparación, tanto en lo que respecta a las semanas de duración de los entrenamientos como a la intensidad de los mismos, es ya por si sola una prueba de eliminación, en la que gran parte de los candidatos finalmente optan o se ven obligados a desistir de participar. Circunstancias de todo tipo pueden surgir durante ese tiempo, incluyendo aquellas relacionadas con la salud general del atleta como enfermedades, lesiones derivadas de la actividad deportiva, viajes y compromisos de trabajo o familiares, así como pérdida de la motivación por cansancio psicológico.

Durante el periodo específico que suele durar un plan de preparación de maratón, los cuales varían entre 10 a 16 semanas, casi siempre se pone el énfasis en el aspecto físico, incrementando de modo gradual los volúmenes de las sesiones junto con entrenamientos adicionales de fuerza, técnica de carrera, intervalos y series. Pero generalmente no se le da la debida importancia a la preparación psicológica del corredor, vital para afrontar tanto el periodo de entrenamiento como la competencia en si misma.

SUPERANDO EL DÍA A DÍA
Partamos de un sencillo ejercicio para entender cuan importante es la motivación del atleta y lo diferente que puede resultar su preparación dependiendo de la actitud que mantenga ante determinados hechos y estímulos. Por ejemplo, en Panamá la lluvia es un elemento cotidiano en muchos meses del año, especialmente presente en horas de la tarde. Si eso es una realidad sabida y constatada, el corredor que elija realizar sus rutinas en esas horas debe de tener presente que en numerosas ocasiones la lluvia va a ser su compañera de entrenamientos, y tendrá que tener la suficiente fuerza de voluntad para cumplir con sus sesiones y no optar por la vía fácil de quedarse cómodamente bajo resguardo. Siendo así, si cada día que la rutina programada coincide con lluvia nos saltamos la sesión o la acortamos, obvio que nuestra preparación se va a ver afectada. Cierto que algunos atletas no tendrán la opción de salir a entrenar en otras horas del día, pero muchos pudiendo entrenar de madrugada no tienen la determinación y voluntad para pararse temprano y abandonar una agradable cama. El clima solo es una muestra, pero hay muchos otros temas fuera de nuestro control referente a familia, trabajo, viajes, enfermedades o disponibilidad de instalaciones, ante los cuales podemos tomar diferentes actitudes y respuestas.

Lo que debemos de tener claro desde el comienzo es que en el Maratón no todo es glamour, fotos en meta, risas y medallas. Preparar un maratón no es tanto para súper atletas, pero si para súper personas que tengan una cabeza “muy bien amueblada”, organizados, disciplinados, constantes, sin dudas sobre su objetivo y la determinación de conseguirlo. Aún llevando muchos años en el atletismo de fondo os confieso que hay días que vacilo si salir a entrenar y me cuestiono si lo que estoy haciendo es lo adecuado. Mi buen amigo Fernando Blanco, consumado maratoniano, siempre me repite cuando le comparto estas sensaciones, “Tripi, es que esto de la maratón no es para el todo el mundo”. Y es cierto, y me reafirmo en lo que dije antes, no es tanto el tema físico como el sacrificio y lo duro que es cumplir con un plan de larga duración compatibilizándolo con el trabajo, familia, y demás ocupaciones del día a día.

LOS PRIMEROS 32 KILÓMETROS
Una frase dice que “en el maratón se corren los primeros 32 kilómetros y se compiten lo últimos 10”. En esa primera etapa deberíamos correr de manera conservadora, todavía confiando en nuestras fuerzas y con la mente clara sobre la estrategia de carrera. Cuando en el maratón todo va bien y dentro de lo planeado uno mantiene una actitud concentrada y positiva, pero cuando algo se tuerce de igual modo todo parece complicarse y es frecuente que nos resignemos, cayendo en una actitud pesimista y derrotista. Así es usual que ante la presencia de fatiga, o hechos como acumular retraso en los tiempos, una ampolla o molestia muscular, mal funcionamiento del reloj, equivocación en el trazado de la dreamstime m 9593251ruta, o que nos supere otro competidor, pasemos de un estado de concentración a un estado de frustración abandonando nuestro objetivo y cayendo en un ritmo de supervivencia en el que poco importa el desenlace. Creo que todos los corredores recordamos episodios en los que nuestra fuerza mental se vino al piso y hemos corrido con el único objetivo de terminar sin importar ya el tiempo o los rivales que pudieran estar delante o detrás.

Sabedores de que durante una prueba tan larga como el maratón nos pueden suceder numerosas circunstancias imprevisibles, sería más eficaz entrenar nuestra mente para que ante la aparición de las mismas podamos actuar de manera eficiente, intentando buscar soluciones, y no entrar en dinámicas de buscar explicaciones a las causas o solo maldecir nuestra mala fortuna. Por supuesto que es bueno que en la salida de una prueba de este tipo se tenga un plan original a seguir, pero de igual modo es deseable tener una flexibilidad en los objetivos, un plan “B” e inclusive un plan “C”, que nos permitan minimizar los “daños” ante cualquier eventualidad negativa que suceda en el evento.

DEL MURO A LA META
El llamado muro se relaciona a los kilómetros 32-35 del maratón, y se asocia con una bajada de rendimiento notable de modo brusco. El ritmo que se ha mantenido constante durante la primera parte empeora drásticamente sin causa aparente, mientras que nuestro cuerpo siente un cansancio y fatiga que nos parece insalvable. La mente que hasta ese momento se ha podido mantener centrada en nuestro objetivo, empieza a generarnos dudas sobre si nuestra preparación ha sido la más adecuada, y sobre si podremos cumplir con las metas propuestas. En esos momentos sentiremos que ya hemos completado mucha distancia, más de ¾ partes del recorrido, pero de todos modos el tramo faltante nos parecerá inacabable, como si cada kilómetro midiera el triple de lo que es habitual. Dejaremos de pensar en segundos y pasaremos a calcular en minutos, porque si ganar unos segundos de tiempo cuando uno está en ritmo adecuado supone un gran esfuerzo, perder minuto tras minuto en la fase del muro hasta la meta es algo usual.

La presencia de la familia y amigos que nos animen en la ruta puede suponer en estos momentos un estímulo a nuestra bajada de rendimiento, pero lo que realmente nos puede ayudar a sobrellevar la situación es concentrarse en lo que estamos haciendo. Interiorizar también todas esas jornadas de entrenamiento que uno ha realizado, sobre todo fondos en solitario en donde ha podido experimentar ya algunos síntomas parecidos. Toca exigirse hasta los límites de lo razonable, sabedores de que una vez que se cruce la meta ya no habrá opción de cambiar el desenlace. La historia ya estará escrita. Se podrá obtener un mejor o peor puesto, una mejor o peor marca, pero si ponemos en la competencia lo mejor de nosotros mismos siempre seremos ganadores.

¿Nos vemos en la Ruta?