FREVUELTA
Fernando Revuelta
Atleta UNDER ARMOUR
www.runninginpanama.com
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Solo hay que darse una vuelta en la madrugada por algunas de las zonas deportivas de la ciudad, como Parque Omar, Cinta Costera o Costa del Este, para encontrar cada día que pasa una mayor cantidad de personas corriendo. El running local ha evolucionado de manera drástica en los últimos diez años, multiplicándose tanto el número de practicantes, como el número de eventos y competencias. Las pruebas que por mucho tiempo congregaban a unas decenas de corredores, pasaron a inscribir a cientos y hasta miles de ávidos runners deseosos de poner a prueba sus entrenamientos, rebajar sus tiempos y ampliar sus distancias. Pero desde la temporada pasada y lo que va del 2016, he venido detectando un fenómeno para el análisis, ya que la gran mayoría de pruebas está retrocediendo en cuanto al número de participantes, algunas de manera crítica perdiendo más de la mitad de los corredores que en alguna ocasión congregaron. De hecho, durante los dos primeros meses del año, solo un evento ha logrado superar los 500 participantes en meta, mientras que la mayoría oscila en una participación entre 100 a 200 (ver tabla). La conclusión inicial sería que a las personas cada vez les gusta más correr, pero de igual modo son mucho más selectivas a la hora de participar o no en una competencia. Parece que lo de competir domingo tras domingo toda prueba que hubiera en el calendario ha quedado en el olvido. Los motivos de ello a mi entender son diversos y en ocasiones complejos.

AUMENTO DE COSTOS
Hace tan solo una década los requerimientos que debían cumplir los organizadores de carreras y eventos deportivos eran muy básicos, por lo que los costos fijos iniciales eran fáciles de cubrir sin necesidad de cobrar altas inscripciones. En la actualidad los presupuestos de los distintos organizadores se han disparado debido al aumento de los costos de logística e infraestructura, en temas como: toma de tiempos, asistencia médica, manejo de desechos o el pago de permisos. Así por ejemplo en cuanto a los resultados, el sistema utilizado hasta hace cinco años de manera general era la toma de tiempos manuales mediante el sistema “time machine”, el cual se asemeja básicamente a una calculadora a la cual hay que ingresar el número de cada corredor y darle enter para que lo almacene junto con el tiempo de carrera. Como es obvio, para una pequeña cantidad de corredores este sistema hacía sus funciones, pero al masificarse los eventos, tuvo que ser sustituido por los costosos sistemas digitalizados con chip, bien en la zapatilla o en el número. De igual modo los desechos, antes, cada organizador los manejaba a su discreción, y en el mejor de los casos, se depositaban en contenedores públicos. Ahora mismo este tema está reglamentado en muchas de las ubicaciones en donde se realizan eventos, y hay que seguir protocolos de manejo y reciclaje bastante estrictos que suponen un significativo aumento de los costos en este rubro. dreamstime m 19457702Aunque los argumentos anteriores sirven de apoyo al hecho de que las inscripciones a las competencias hayan tenido que aumentar durante las últimas temporadas, parece no justificar el porcentaje en el que lo han hecho, ya que las mismas se han multiplicado dependiendo de los casos por dos, tres, cuatro, cinco e incluso más. Muchos corredores resienten de ciertas pruebas que no esconden el ánimo de lucro como único interés, y han decidido darles la espalda ausentándose de las mismas. Otros en cambio han optado por convertirse en “bandit runners”, corriendo sin número como modo de protesta.

LUGARES RESTRINGIDOS
Si bien desde las instituciones públicas se promueven campañas y esfuerzos para que la población practique deporte y hábitos saludables, al mismo tiempo los organizadores cada temporada tienen mayores problemas para conseguir las autorizaciones y permisos necesarios para realizar eventos deportivos, tanto en zonas de la ciudad como en los alrededores. Los residentes de áreas como: Costa del Este, Cinta Costera o Clayton, protestan regularmente contra la celebración de carreras en horas tempranas de la mañana los fines de semana, ya que la megafonía y la aglomeración de personas perturban su descanso. En otras ocasiones han sido los daños causados a la vegetación o el dejar abandonado basura, los motivos por los que se han cancelado permisos previamente otorgados. Algunos organizadores están vetados en ciertas áreas, mientras que en otras simple y llanamente se ha prohibido de manera general celebrar eventos. Así lugares como Pipeline, el trillo de plaza Centennial o Cocoa plantation, parece ser no verán ya acción en el 2017. En la práctica esto se ha traducido en que el 90% de las carreras que se celebran actualmente en la ciudad capital se realicen en alguno de los tramos de la Cinta Costera por las facilidades que hay para ello, llegando a coincidir en ocasiones hasta tres pruebas al mismo tiempo. Muchos corredores sienten un real hastío de esta ubicación, y optan simple y llanamente por limitar su participación en este lugar solo a eventos en los que realmente están interesados.cuadro

PRUEBAS SIN ATRACTIVO
Aunque mi rol en el atletismo es fundamentalmente de atleta, en ocasiones también me pongo el sombrero de organizador, estando involucrado de diferentes maneras en algunos de los eventos que se celebran localmente como la Santa´s Race. La organización de una carrera no es para nada sencillo, y hacerlo bien requiere de contar con un buen equipo y dedicarle muchas horas de trabajo, pero sobre todo requiere de meterle cariño, y pensar siempre en el interés del atleta. No todo vale en el mundo del running. Los corredores cada vez están mejor comunicados a través de los grupos y las redes sociales, y se les puede engañar una pero no dos veces. Si como organizador pierdes la credibilidad, los corredores te acabarán pasando factura.
Hay eventos que claramente nacen sin sentido y por sus fechas no tienen encuadre en el calendario de la temporada. Pruebas que desde que son anunciadas se sabe serán un rotundo fracaso. Esto es malo para todo el running, no solo para los corredores, sino también para los patrocinadores que se pueden sentir estafados porque se les prometió una participación y difusión en los medios del evento que era pura ficción. Similar situación pasa con las fundaciones. Se ha puesto de moda en muchas pruebas anunciar que son a beneficio de una determinada fundación, pero realmente es el organizador el que recibe los beneficios y al final y a su discreción hace un cheque por las migajas para la fundación que puso la cara. Esto es inaceptable. La fundación debe ser la que reciba los ingresos y sufrague los costos del organizador. Todo ello ha afectado a la confianza de los corredores que ya no saben en que creer de lo que se les está diciendo.

Mi pronóstico a futuro es que en un mundo tan competitivo como es el de las competencias, solo las mejores acabarán sobreviviendo, entendiendo por mejores aquellas que antepongan las necesidades y los interés del corredor por encima de todo. Las demás, poco a poco, irán siendo un recuerdo del pasado.